Los proyectos de alto impacto han construido, durante décadas, un repertorio amplio de respuestas frente a sus desafíos sociales. Se fortalecieron los sistemas de cumplimiento, la evaluación de impactos, el relacionamiento con actores, la responsabilidad social, la gestión de riesgos, la comunicación reputacional y los modelos de Licencia Social para Operar.
Cada enfoque nació para corregir una limitación real. El cumplimiento respondió a la necesidad de controlar obligaciones; la evaluación de impactos hizo visibles consecuencias antes ignoradas; el enfoque de stakeholders amplió el mapa de actores; la LSO mostró que la legalidad no agota la legitimidad; y la gestión de riesgos llevó lo social a espacios de decisión empresarial. El problema no reside, por tanto, en la existencia de estos enfoques. Aparece cuando uno de ellos pretende convertirse en explicación suficiente de la realidad social. Entonces, la gestión social termina observando solo aquello que su enfoque le permite ver.
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