En los últimos años, el término “ingeniería social” ha comenzado a circular con ligereza en discursos de política pública, consultoría y sostenibilidad, como si se tratara de una expresión técnica moderna y eficiente. Sin embargo, en las ciencias sociales no es un concepto neutro ni pacífico, y su uso desprevenido suele ocultar más problemas de los que resuelve.
Hablar de ingeniería social supone asumir que la sociedad puede ser diseñada, corregida o reordenada desde una racionalidad técnica, como si lo social funcionara como una máquina: con fallas identificables, reacciones previsibles y resultados controlables. Esta idea, heredera del positivismo clásico (Saint-Simon, 1824/1975; Comte, 1830/1974), ha sido ampliamente cuestionada por la teoría social del siglo XX, no por capricho ideológico, sino por experiencia histórica.
No
es casual que el término haya estado asociado a proyectos de planificación de gran
escala, muchos de ellos autoritarios. El caso del nazismo es el ejemplo más extremo:
políticas de eugenesia, “higiene social” y control total de la vida cotidiana se
justificaron como intervenciones racionales para “mejorar” el cuerpo social (Weindling,
2000). Allí, la sociedad fue tratada literalmente como un objeto de ingeniería.
Tras
la posguerra, esta experiencia dejó una huella profunda. Karl Popper advirtió sobre
los riesgos de la “ingeniería social utópica”: grandes diseños que pretenden reorganizar
la sociedad según modelos ideales (Popper, 1945/2011); Friedrich Hayek denunció
la arrogancia del racionalismo constructivista, es decir, la creencia de que un
grupo de expertos puede comprender y ordenar la complejidad social mejor que los
propios procesos históricos (Hayek, 1944/2007); y Michel Foucault, por su parte,
mostró cómo los dispositivos técnicos de gobierno tienden a producir normalización
y disciplinamiento más que emancipación (Foucault, 1975/1995).
En
el fondo, todos coinciden en que la sociedad no es una cosa, sino un proceso vivo
de construcción de significados. Tratarla como un objeto técnico implica una forma
de reificación de lo humano, en la que los productos de la acción social aparecen
como si fueran realidades naturales o mecánicas (Berger y Luckmann, 1966/2012).
Todo
esto importa, especialmente en contextos de alta conflictividad socioambiental.
Allí, el lenguaje no es un detalle semántico y hablar de ingeniería social suele
desplazar el foco desde el diálogo y la legitimidad hacia la gestión de conductas:
reducir resistencias, administrar percepciones y alinear comunidades con decisiones
ya tomadas. En otras palabras, convertir sujetos políticos en variables de intervención.
El problema no
es intervenir socialmente, sino creer que la intervención puede operar ignorando
la dimensión simbólica, histórica y relacional de lo social. Las comunidades no
son objetos de diseño: interpretan, recuerdan, resisten y negocian. Por eso, la
gestión social rigurosa no diseña sociedades ni “optimiza” comportamientos; asume
el conflicto, acepta la incertidumbre y entiende que la legitimidad no se fabrica,
se construye.
El problema no es solo conceptual,
es ético. El uso simplista del término “ingeniería social” puede legitimar prácticas
que, bajo un lenguaje moderno, reproducen viejas formas de control.
Referencias
ú Comte, A. (1974). *Curso de filosofía positiva* (5 vols.).
Ediciones Orbis. (Obra original publicada en 1830-1842)[file:1]
ú Berger, P. L., &
Luckmann, T. (2012). La construcción social
de la realidad: Un tratado en la sociología del conocimiento (S. Zuleta, Trad.). Amorrortu Editores. (Obra original
publicada en 1966).
ú Foucault, M. (1995). Vigilar y castigar: Nacimiento de
la prisión (A. Esteller, Trad.). Siglo XXI Editores. (Obra original publicada en
1975)
ú Hayek, FA (2007). Camino de servidumbre . Editorial Unión.
(Obra original publicada en 1944)
ú Popper, KR (2011). La sociedad abierta y sus enemigos .
Paidós. (Obra original publicada en 1945)
ú Saint-Simon, H. (1975). *El nuevo cristianismo* y otros
textos. Ediciones Ariel. (Obra original publicada en 1824)
ú Weindling, P. (2000). Salud, raza y política alemana entre
la unificación nacional y el nazismo, 1870-1945 . Cambridge University Press.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario