viernes, 14 de agosto de 2026

SISTEMA DE SENTIDO

 Cuando se estructura un proyecto de infraestructura, minería, energía o hidrocarburos, solemos preguntarnos por sus impactos: qué predios afecta, cuántos empleos genera, qué recursos naturales interviene o qué medidas de manejo serán necesarias. Son preguntas indispensables, pero hay otra que pocas veces formulamos con el mismo rigor y que resulta decisiva para comprender lo que ocurre en torno a un proyecto: ¿qué significa ese proyecto para quienes viven en su área de influencia?

No es una pregunta retórica, porque las comunidades y demás actores no reaccionan únicamente frente a lo que un proyecto hace sino, también, a partir del significado que construyen sobre lo que representa. Por ejemplo: una carretera puede verse como una oportunidad para el Desarrollo Local y, al mismo tiempo, como una amenaza para determinadas formas de vida; una obra que mejora la movilidad puede activar memorias de incumplimientos, y una inversión social favorable puede generar desconfianza si se interpreta como compensación, imposición o intento de comprar voluntades.

 

A esa configuración histórica y dinámica de significados, memorias, experiencias, valores y expectativas desde la cual los actores interpretan su realidad y la presencia del proyecto la denominamos Sistema de Sentido.

 

No se trata simplemente de conocer la opinión de las personas, porque las opiniones pueden cambiar rápidamente, ni de medir percepciones o sentimientos de manera aislada. Lo que realmente interesa es comprender algo más profundo: ¿desde qué experiencias acumuladas, memorias y criterios sobre lo justo o injusto se interpreta aquello que está ocurriendo y se construye una lectura del proyecto?

 

Ahora, los Sistemas de Sentido tampoco son homogéneos. Dentro de una comunidad pueden coexistir interpretaciones distintas, incluso contradictorias: mientras algunos entienden el proyecto como progreso, otros pueden asociarlo con pérdida; para unos representa una oportunidad y para otros la repetición de experiencias de exclusión o incumplimiento; por eso comprender esas diferencias permite interpretar mejor las acciones sociales y advertir cómo podrían evolucionar y qué efectos tendría esa evolución sobre la matriz de riesgos.

 

Identificar actores, registrar reuniones o conocer sus posiciones, como tradicionalmente hace la gestión social, sigue siendo necesario; pero resulta insuficiente si no comprendemos por qué adoptan esas posiciones, qué experiencias las sostienen y qué podría hacerlas cambiar.

 

Comprender el Sistema de Sentido, por tanto, no significa agregar una categoría académica a la gestión social, sino incorporar una capacidad distinta para producir inteligencia social en proyectos de alto impacto: no quedarnos únicamente con lo que las comunidades hacen o dicen, sino comprender desde qué significados actúan y cómo pueden transformarse.





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