En los proyectos de alto impacto algunos conflictos sorprenden cuando se hacen visibles, aunque en realidad venían anunciándose a través de pequeñas señales que nadie logró conectar: actores que dejan de participar, preguntas que comienzan a repetirse, cambios en el lenguaje, nuevos liderazgos o compromisos que empiezan a ser reinterpretados.
Muchas veces esas señales quedaron registradas en actas, informes de campo, matrices de actores, PQRSD o reportes de seguimiento, pero no se supieron leer o aparecieron como hechos aislados y no como partes de un proceso que estaba cambiando. Por eso, el problema no siempre es la falta de información; en ocasiones tenemos mucha y, sin embargo, no logramos interpretar qué significa en conjunto ni qué puede estar anunciando.
Esto obliga a revisar una práctica arraigada en la gestión social: asumir que cumplir las actividades previstas y producir información sobre ellas significa que comprendemos lo que ocurre alrededor del proyecto. Podemos realizar reuniones, responder solicitudes, cumplir compromisos, actualizar bases de datos y presentar informes y, aun así, construir una lectura insuficiente de la situación.
Una reunión que para la empresa resultó satisfactoria puede haber confirmado para algunos participantes que las decisiones ya estaban tomadas; una solicitud reiterada de empleo puede parecer una expectativa económica cuando también expresa reconocimiento o pertenencia, así como el silencio de determinados actores puede interpretarse como conformidad cuando detrás comienza a producirse distanciamiento o pérdida de confianza.
La información sigue siendo indispensable, pero necesita ser interpretada, esto nos permite saber quién participó, qué dijo, cuándo ocurrió un hecho o cuántos compromisos continúan pendientes. Comprender exige relacionar esos datos con experiencias anteriores, memorias, expectativas y razones por las cuales una misma decisión puede ser considerada razonable por unos e injusta por otros.
Nada de esto implica abandonar las actas, los indicadores, las matrices o los sistemas de seguimiento, sino reconocer que son representaciones parciales de una realidad social dinámica. El problema comienza cuando confundimos el registro con la comprensión y suponemos que disponer de más datos significa necesariamente entender mejor lo que está pasando.
Quizá uno de los mayores desafíos de la gestión social contemporánea esté precisamente allí: aprender a relacionar hechos, significados, actores y cambios a lo largo del tiempo, porque anticipar un conflicto no consiste solamente en detectar una señal, sino en comprender qué significa esa señal dentro de la relación que se viene construyendo entre el proyecto y los actores de su área de influencia.

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