martes, 26 de agosto de 2025

NUESTRO MAYOR MIEDO

"Nuestro mayor miedo no es que seamos inadecuados.

Nuestro mayor miedo es que somos poderosos más allá de toda medida.
Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, hermoso, talentoso, fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.

Jugar a ser pequeño no le sirve al mundo.
No hay nada iluminado en encogerte para que los demás no se sientan inseguros a tu alrededor.
Estamos destinados a brillar, como hacen los niños.
Nacimos para manifestar la gloria del universo que está dentro de nosotros.

No está solamente en algunos de nosotros; está en todos.
Y cuando dejamos que nuestra propia luz brille, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás."

Marianne Deborah Williamson 




miércoles, 13 de agosto de 2025

CÍRCULO VIRTUOSO DEL CUIDADO: Acción comunicativa en el espacio público

En la vida de una ciudad operan fuerzas invisibles que no dependen del presupuesto ni del tamaño de la obra. Una de ellas, quizá la más decisiva para la buena convivencia, es el sentido de pertenencia. Pero no como simple apego emocional, sino como una norma compartida, validada en las conversaciones cotidianas: en la esquina del barrio, en la asamblea del conjunto, en el chat de vecinos. Es en ese mundo de la vida urbana donde acordamos qué significa “cuidar” y por qué vale la pena hacerlo.

El cuidado del espacio público es más sólido cuando nace de acuerdos voluntarios, no del miedo a la sanción. Para que esos acuerdos tengan fuerza, deben cumplir cuatro condiciones: ser claros y aplicables, basarse en evidencia, repartir con justicia cargas y beneficios y cumplirse con transparencia y rendición de cuentas. Cuando estas condiciones se validan públicamente, el cumplimiento deja de ser obediencia y se convierte en convicción compartida.

Cuidar genera orden visible; el orden mejora la percepción de seguridad; esa mejor percepción reduce la fricción cotidiana y abre paso a la confianza. Con más confianza, los vecinos resuelven conflictos sin violencia… y el ciclo se refuerza. No es magia: es coordinación comunicativa aplicada al barrio, a la calle, a la comuna y a la ciudad.

A la administración municipal le corresponde abrir las condiciones de posibilidad: dar información clara, responder de forma oportuna, invertir en mobiliario urbano y destinar presupuestos participativos para microintervenciones. La clave está en no reemplazar la iniciativa comunitaria con burocracia ni reducirla a multas, para evitar que el “sistema” colonice el tejido cívico que sostiene el cuidado.

La calidad urbana, limpieza, seguridad, habitabilidad, es proporcional al cuidado coproducido y, sobre todo, al capital comunicativo de sus barrios: su capacidad para deliberar, acordar y sostener compromisos. El “círculo virtuoso del cuidado” no es teoría: es una metodología cívica de bajo costo y alto impacto. Comienza hoy, en tu entorno inmediato, con una pregunta sencilla: ¿Qué acuerdo justo y verificable podemos asumir juntos, aquí y ahora?

Si la respuesta se construye en público, con razones compartidas y compromiso verificable, cada acción contará dos veces: mejorará la calle y fortalecerá la democracia cotidiana. Esa es la ciudad que queremos… y que podemos construir.



 

viernes, 8 de agosto de 2025

NO VINIMOS A REPETIR EL PASADO, SINO A IMAGINAR EL FUTURO

 Y sin embargo, cuántas veces lo hacemos. Reproducimos sin pensar los miedos que nos sembraron, las palabras que nunca fueron nuestras, las formas de amar, de obedecer, de callar. Jugamos los mismos juegos que criticamos, usamos las mismas herramientas que un día nos hirieron. Como si estuviéramos condenados a ser la prolongación de lo que otros decidieron.

Pero algo en nosotros se resiste. Algo despierta. Una incomodidad, una pregunta, una pequeña rebeldía. A veces es apenas un susurro que dice: no. No vinimos a obedecer herencias ciegas ni a prolongar cadenas oxidadas. No estamos aquí para repetir patrones que ya no significan nada.

 

Vinimos a imaginar…

 

Y eso, aunque lo digan poco, es un acto de coraje. Imaginar el futuro no es una evasión ingenua, es una forma de responsabilidad. En un mundo que premia la repetición y castiga la diferencia, pensar en lo posible es ya un gesto de libertad.

 

No renegamos de nuestro origen. Lo reconocemos, incluso lo cargamos, pero no lo confundimos con destino. Sabemos que venimos de historias rotas, de silencios largos, de repeticiones dolorosas. Y aun así, o precisamente por eso, elegimos crear algo nuevo.

 

Vinimos a ensayar lo inédito, a equivocarnos con autenticidad, a romper con respeto, pero con decisión. A dejar de heredar culpas y empezar a heredar preguntas. A escribir con nuestra voz, aunque tiemble.

 

No es fácil. El pasado siempre quiere imponerse…se cuela en los gestos, en los juicios, en los nombres que otros nos dieron. Pero también sabemos que cada acto consciente, cada “esto no lo repito” o “esto lo hago distinto”,  abre una grieta… y en esa grieta NACE EL FUTURO


https://www.youtube.com/watch?v=DsfpSt0lAoA




martes, 5 de agosto de 2025

¿CÓMO PREDECIR SI UN PROGRAMA SOCIAL VA A FUNCIONAR ANTES DE IMPLEMENTARLO?

 En la gestión pública y los programas sociales, muchas veces nos encontramos con esta pregunta:

 ¿Vale la pena invertir en este programa, en este territorio, en este momento?

 No basta con que un proyecto esté bien diseñado: también debe estar bien ubicado, bien temporizado, y socialmente preparado. Por eso, trabajamos en el desarrollo de un Modelo Predictivo Integrado que permite anticipar la efectividad de cualquier intervención antes de ejecutarla.

 1.      El modelo, explicado en una fórmula:

 1.1 Efectividad del Programa = f(CS × FC × MI × FS) + M(CB, FrC, CS) - B(LI, RC)


v  CS = Capital Social

v  FC = Facilitación Conductual

v  MI = Motivación Intrínseca

v  FS = Fortaleza del Sistema institucional

v  M(...) = Moderadores (barrio, frecuencia de contacto, etc.)

v  B(...) = Barreras (infraestructura, cultura, etc.)

Es un modelo simple pero poderoso: permite visualizar cómo los factores sociales, institucionales y culturales se interrelacionan para amplificar o bloquear el éxito de una política pública o un programa social

 2.      Usos del modelo

Este modelo permite: 

§ Diseñar intervenciones personalizadas: ajustando estrategias según el puntaje o la presencia/ausencia de cada factor. 

§   Identificar cuellos de botella: si la efectividad es baja, se puede analizar cuál de las variables tiene menor valor o cuál barrera tiene mayor peso.

§   Monitorear impacto de mejoras: se puede simular cómo aumentaría la efectividad si se fortalece uno de los factores impulsores o si se mitiga una barrera.

§   Priorizar recursos: por ejemplo, si la resistencia cultural es alta, se puede invertir en estrategias de cambio cultural antes de seguir ampliando el programa.

 

Este tipo de fórmula es muy útil para pensar el trabajo comunitario desde un enfoque sistémico. Su principal valor está en que articula lo técnico con lo social, reconociendo que la efectividad no depende solo de lo bien diseñado que esté un programa, sino de cómo interactúa con la realidad del territorio.

 

2.1  Un ejemplo práctico:

Programa de aprovechamiento de residuos orgánicos comunitarios

§  Contexto: Localidad de Ciudad Bolívar, barrio de asentamiento informal con urbanización parcial.

§ Objetivo del programa: fomentar la separación y el aprovechamiento de residuos orgánicos en origen, mediante composteras comunitarias y educación ambiental.


Evaluación de factores del modelo:

 1.      Factores impulsores (multiplicativos)

 

  • CS (Capital Social preexistente):
    Medio-bajo. Hay redes comunitarias incipientes, pero con desconfianza hacia lo institucional.
    Valor estimado: 0.4

 

  • FC (Facilitación Conductual):
    Media-alta. El programa incluye acompañamiento, materiales gráficos y talleres prácticos.
    Valor estimado: 0.7

 

  • MI (Motivación Intrínseca):
    Media. Hay interés ambiental creciente entre líderes juveniles, pero apatía en adultos mayores.
    Valor estimado: 0.5

 

  • FS (Fortaleza del Sistema):
    Baja. El equipo institucional tiene personal rotativo, sin presencia estable en el territorio.
    Valor estimado: 0.3

 Producto total:

f(CS × FC × MI × FS) = f(0.4 × 0.7 × 0.5 × 0.3) = f(0.042)
Valor muy bajo, lo que indica baja efectividad sin considerar aún los moderadores ni las barreras.


 2.      Moderadores: M(CB, FrC, CS)

 

  • CB (Características del Barrio):
    Alta densidad, pero con potencial de organización por manzanas.
    Valor positivo: +0.2

 

  • FrC (Frecuencia de Contacto):
    Baja. Visitas institucionales solo dos veces al mes.
    Valor negativo: -0.1

 

  • CS ya está contemplado, pero como moderador potencia ciertas relaciones.
    Valor neutral en este caso: 0

 Resultado moderadores: M ≈ +0.1


3.      Barreras: B(LI, RC)

 

  • LI (Limitaciones de Infraestructura):
    No hay zonas comunes adecuadas para ubicar composteras seguras.
    Valor negativo fuerte: -0.3

 

  • RC (Resistencia Cultural):
    Algunos residentes asocian los residuos orgánicos con "mugre" y enfermedad.
    Valor negativo medio: -0.2

 Resultado barreras:  B = 0.5


Resultado final del modelo:

Efectividad del Programa = f(0.042) + 0.1 – 0.5 = ~ -0.358

 

Es decir, el modelo predice baja o nula efectividad, incluso posiblemente efectos adversos (rechazo o abandono del programa).


Interpretación práctica:

 

  • Punto crítico: La debilidad institucional (FS) y las barreras físicas y culturales son los principales bloqueos.

 

  • Palancas de cambio inmediatas:
    • Mejorar la frecuencia de contacto (subir FrC) con presencia territorial sostenida.
    • Activar el capital social con líderes vecinales y escolares.
    • Reducir las barreras mediante sensibilización cultural previa y adecuación de microinfraestructura (huertas en bolsas, composteras móviles).
  • Estrategia recomendada: No iniciar el programa aún; comenzar por una fase de fortalecimiento comunitario y territorial, luego revalorar la fórmula.

 El Modelo Predictivo Integrado es más que una fórmula: es una herramienta para repensar cómo planificamos la acción social y territorial.

 Si quieres adaptar esta herramienta a tu organización o territorio, ¡conversemos!



viernes, 1 de agosto de 2025

LA TERNURA SIN CONFLICTO

Desde hace un tiempo, al perro se le considera un símbolo de la lealtad; luego llegaron los gatos, que nos enseñaron que el afecto también podía ser independiente. Sin embargo, cada vez más, lo que se ve son personas acompañadas de las pantallas de sus dispositivos móviles que ya no solo se usan para enterarse de la vida de los otros, vender un producto o hacer un informe para la universidad o el trabajo; ahora muchas personas, desde su móvil, conversan a diario con una inteligencia artificial, le cuentan sus problemas, le piden consejos, le preguntan si van por buen camino, etc.

Al principio, la IA, que crece exponencialmente, se consideraba una herramienta de trabajo más, una novedad técnica para investigar, hacer informes, hacer presentaciones, videos o análisis de datos; pero con el tiempo, se ha ido transformando también en un confidente: una suerte de psicólogo sin diploma, un oráculo que no cobra la consulta, o un médico que diagnostica. Es una voz siempre dispuesta, que no juzga, que responde rápido, que aprende de las personas y que nunca se cansa.

Y así como perros y gatos terminaron usando ropa, con el nombre de un tío y celebrando su cumpleaños con torta y piñata; en poco tiempo no será extraño ver a personas caminando por la calle con pequeños robots de compañía. También tendrán nombre, tal vez el de un abuelo querido; estarán vestidos con camisetas de superhéroes o uniformes de colegio y nos dirán cuál es la agenda del día, nos leerán el horóscopo, nos recordarán cuándo hay que beber agua, y serán , en suma, los nuevos amigos fieles, desplazando a perros y gatos, con la ventaja de que a estos no habrá que recogerles el popó.

Esta imagen futurista ya se dibuja en nuestra cotidianidad. La soledad no espera al mañana, ya encontró en el algoritmo un espejo, una muleta emocional y un simulacro de diálogo. No es la primera vez que el ser humano convierte objetos en compañía. Lo curioso, y tal vez lo inquietante, es que esta vez, los objetos parecen devolvernos la mirada; y la pregunta no es si llegaremos a tener un androide como mascota o confidente, la pregunta es: ¿qué dice eso de nosotros?

Tal vez, en el fondo, no buscamos compañía, sino una presencia que no nos contradiga. Una forma de evitar el conflicto que implica el otro. Una voz que diga que sí, que nos reafirme, que no se vaya. El robot, a diferencia del otro humano, no tiene deseos propios, no exige reciprocidad ni necesita que lo escuchemos. Está ahí, como una extensión de nuestro yo más solitario, ese que anhela ser comprendido sin tener que comprender.

En ese sentido, no estamos humanizando a las máquinas, sino que estamos automatizando el vínculo. El afecto se vuelve un servicio, la conversación, una función y la escucha, un algoritmo. Así, paso a paso, quizás terminemos olvidando que amar es, en el fondo, aceptar la imprevisibilidad del otro.




jueves, 31 de julio de 2025

DE LA RETROEXCAVADORA AL ANÁLISIS DE DATOS: La Nueva Era De La Infraestructura Vial

En el imaginario colectivo, la construcción de una gran carretera evoca imágenes de maquinaria pesada, enormes túneles y puentes imponentes. Durante décadas, ese fue el único foco: el avance físico de la obra. La dimensión social era, en el mejor de los casos, un anexo reactivo; una lista de chequeo para compensar impactos y gestionar conflictos que, inevitablemente, surgían cuando los proyectos "aterrizaban" en los territorios sin previo aviso.

Esas épocas del proyecto impuesto, está llegando a su fin. Hoy, la viabilidad de las megaobras que conectan a Colombia, como las vías 4G y las 5G, depende de un pilar fundamental que no se puede construir con cemento: LA CONFIANZA.

 

No hace mucho, la "gestión social" era sinónimo de indemnizar familias por un predio o calmar una protesta. Era un enfoque de mitigación, no de colaboración; pero la creación de instituciones como el INCO y su evolución hacia la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) marcó un cambio de rumbo crucial. Comprendimos que un proyecto exitoso no es el que menos problemas tiene, sino el que más valor genera para las comunidades que lo acogen.

 

Con las concesiones 4G, la gestión social se profesionalizó, abarcando desde la contratación de mano de obra local hasta la protección del patrimonio arqueológico. Pero los desafíos de fondo persistían: la desconfianza histórica y la dificultad de alinear las expectativas de todos los actores.

 

Aquí es donde el paradigma cambia por completo con las vías 5G. Entra en escena la "Licencia Social para Operar". Ya no es suficiente con tener los permisos legales y la chequera lista. La licencia social es la aceptación y el respaldo activo de las comunidades. No se firma en un papel; se construye día a día con transparencia, diálogo y, sobre todo, con la creación de beneficios mutuos y tangibles. Sin ella, ninguna licencia ambiental ni cierre financiero garantiza estabilidad y los proyectos se enfrentan a retrasos, sobrecostos y un desgaste reputacional insostenible para las empresas.

 

Pero ¿cómo se construye confianza en un territorio lleno de complejidades, expectativas diversas y memorias históricas? La respuesta ya no depende solo de la buena voluntad; requiere una nueva capacidad estratégica. Aquí es donde la tecnología, y en particular la Inteligencia Artificial (IA), deja de ser una promesa lejana para convertirse en nuestro aliado táctico.

 

La IA nos ofrece un "GPS para el paisaje social", permitiéndonos navegar estos entornos con una precisión sin precedentes. Su potencial redefine por completo lo que es posible:

 

1.      De la Reacción a la Previsión: Un Radar Social 24/7. En lugar de apagar incendios, la IA funciona como un sistema de alerta temprana. Analiza datos públicos y conversaciones digitales para detectar las primeras señales de tensión, permitiéndonos actuar con diálogos proactivos antes de que las fricciones escalen a conflictos costosos en tiempo y confianza.

 

2.      Inversión Social de Alta Precisión. Debemos olvidarnos de las soluciones genéricas. La IA nos permite realizar un "diagnóstico por resonancia magnética" a las comunidades, identificando con exactitud sus necesidades, vocaciones productivas y brechas de talento. Esto nos permite diseñar programas sociales quirúrgicos y maximizar el impacto de cada peso invertido.

 

3.      Monitoreo de Impacto en Tiempo Real. Digamos adiós a los informes estáticos que se leen meses después. La IA permite crear tableros de control dinámicos que miden la efectividad de nuestros programas sociales mientras se ejecutan. Podemos ver qué funciona, qué no, y ajustar la estrategia sobre la marcha para garantizar resultados tangibles.

 

4.      Impulso Inteligente a la Economía Local. Más allá de simplemente "comprar local", la IA puede mapear el ADN productivo del territorio. Identifica proveedores locales con potencial, conecta la oferta de mano de obra con la demanda del proyecto y ayuda a crear cadenas de valor sostenibles que perduran mucho después de que la obra ha terminado.

 

5.      Comunicación que Libera y Conecta. Automatizamos lo repetitivo para potenciar lo significativo. Mientras los sistemas de IA ofrecen respuestas claras e instantáneas a las dudas comunes a través de canales digitales, nuestros equipos de gestores sociales se liberan para lo que ninguna máquina puede hacer: escuchar, dialogar estratégicamente y construir relaciones cara a cara.

 

6.      Un Cerebro Institucional que Nunca Olvida. El conocimiento es el activo más valioso y volátil en proyectos largos. La IA crea una memoria institucional dinámica, capturando lecciones aprendidas, interacciones clave y soluciones exitosas. Esto asegura la continuidad, evita repetir errores y acelera la curva de aprendizaje para todo el equipo y futuros proyectos.

 

Lejos de deshumanizar, la IA es la herramienta que nos permite amplificar nuestra capacidad humana. Nos ayuda a pasar de una gestión basada en la intuición a una estrategia fundamentada en evidencia, haciendo nuestro trabajo no solo más eficiente y transparente, sino profundamente más empático y efectivo.

 

En esta confluencia de ingeniería, sociología y tecnología, surge un nuevo rol: el Arquitecto de Paradigmas. En esta labor no se trata simplemente de gestionar un proyecto social, sino de diseñar el ecosistema donde la confianza puede florecer. el Arquitecto de Paradigmas actúa como un traductor entre el lenguaje de los ingenieros, las necesidades de las comunidades y el potencial de la tecnología. Co-crear las nuevas reglas del juego, donde la infraestructura es un catalizador de desarrollo sostenible. Se trata de construir no solo carreteras, sino relaciones; no solo puentes, sino oportunidades.

 

La próxima generación de infraestructura en Colombia no se medirá en kilómetros de vía, sino en la fortaleza de la confianza que seamos capaces de generar. Este es el corazón del Valor Compartido: un paradigma donde la rentabilidad del proyecto y la prosperidad de la comunidad no son objetivos separados, sino una misma ecuación.

 

El verdadero progreso, por tanto, exige nuevas métricas. Debemos ir más allá de las toneladas de asfalto y los cronogramas de obra para adoptar los Indicadores de Bienestar como el auténtico criterio del éxito. Nuestro nuevo tablero de control debe responder preguntas como:

 

·        Empleo: ¿Cuántos empleos de calidad y permanentes se crearon para la gente de la región, más allá de la fase de construcción?

·      Mercado: ¿En qué porcentaje aumentaron las ventas de los negocios locales gracias a la nueva conexión? ¿Cuántos nuevos emprendimientos surgieron?

·        Salud y Educación: ¿En cuántos minutos se redujo el tiempo de viaje al hospital o escuela más cercana? ¿Cómo impactó esto en las tasas de atención y deserción?

·       Calidad de Vida: ¿Cuál es la mejora en la percepción de seguridad y bienestar reportada directamente por los ciudadanos?

 

El balance final de un megaproyecto ya no puede ser solo financiero. El verdadero retorno de la inversión (ROI) se reflejará en el balance social y económico de las comunidades que conectamos. Ese es el legado que perdura.




 

LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA DESDE CASA

 Cuando pensamos en “Desarrollo de Ciudad”, solemos imaginar vías, puentes, trenes o grandes infraestructuras. Pero existe una acción cotidiana y sencilla, que no necesita grandes inversiones ni maquinaria pesada, y que sin embargo mejora significativamente nuestra salud, reduce emisiones contaminantes, dignifica el trabajo de miles de personas y genera ahorro público: separar adecuadamente los residuos en casa. Este pequeño gesto tiene un efecto multiplicador extraordinario.

¿Por qué es tan importante?

 

En ciudades como Bogotá se generan alrededor de 7.500 toneladas diarias de residuos. Aunque hemos avanzado en la separación en la fuente, solo se aprovecha alrededor del 16%, lo que significa que miles de toneladas aún terminan diariamente en el relleno sanitario. Separar residuos orgánicos evita la generación de metano (CH), un gas con más de 80 veces el potencial de calentamiento global que el CO en un periodo de 20 años.

 

Reducir el metano tiene un impacto climático inmediato. Más de 26.000 recicladores de oficio registrados en Bogotá dependen de que separemos adecuadamente los residuos aprovechables. Una botella limpia y seca representa ingreso para ellos, mientras que mezclada con residuos de comida pierde valor.

 

Desarrollo urbano significa gestionar responsablemente los bienes comunes. Cada bolsa de residuos que sacamos a diario influye directamente en los costos de recolección, la vida útil del relleno sanitario, la calidad del aire, las metas climáticas locales y el sustento de familias recicladoras. Si logramos aumentar el porcentaje de aprovechamiento apenas del 16% al 25%, podríamos reincorporar cientos de toneladas diarias al ciclo productivo sin necesidad de grandes inversiones adicionales, simplemente cambiando nuestros hábitos.

 

¿Cómo hacerlo fácil y sin complicaciones?

 

Ü  Bolsa blanca (residuos aprovechables limpios y secos): papel, cartón, plásticos, vidrio, metales y envases multicapa. Es importante lavarlos, escurrirlos y secarlos antes de depositarlos.

Ü  Bolsa verde (residuos orgánicos): restos de comida y poda. Pueden compostarse o entregarse en rutas específicas de recolección.

Ü  Bolsa negra (no aprovechables): papel higiénico, servilletas usadas, papeles metalizados y residuos sanitarios.

 

Este código de colores está establecido por la Resolución 2184 de 2019 y es de fácil implementación en casa.

 

Sin embargo, hay TRES ideas erróneas que debemos superar:

 

1.      “Igual todo lo juntan”: Cuando los residuos están correctamente separados y limpios, son aprovechados efectivamente por recicladores o rutas selectivas. Mezclar con residuos de comida arruina el proceso.

2.      “No afecta el clima”: Evitar que los residuos orgánicos vayan al relleno sanitario es clave para reducir la emisión de metano, el gas de efecto invernadero más preocupante en las próximas décadas.

3.      “En mi edificio (barrio) no hay cultura”: La cultura ambiental se construye con reglas claras, educación breve y resultados visibles. En quince días, con una medición sencilla, se puede notar un cambio significativo.

 

Miremos un Plan práctico para implementar en 15 días:

 

²  Días 1–2: Coloca tres recipientes claramente señalizados.

²  Días 3–5: Coordina horarios con recicladores locales o verifica rutas selectivas.

²  Días 6–8: Realiza un mini taller de 15 minutos explicando qué va en cada bolsa y cómo lavar los envases rápidamente.

²  Días 9–12: Mide y registra cuántos kilos salen en cada tipo de bolsa.

²  Días 13–15: Publica los resultados visibles para motivar la continuidad del hábito.

 

Metas realistas y alcanzables:

 

En un conjunto residencial de 50 hogares, si cada familia separa un kilo diario de residuos aprovechables, se evitarían 350 kilos semanales de residuos en rellenos sanitarios, alrededor de 1,5 toneladas al mes. Para un barrio con 1.000 hogares, esto significaría entre 30 y 45 toneladas mensuales reincorporadas al ciclo productivo.

 

Separar adecuadamente los residuos no es simplemente una acción ambientalista, es un acto de ciudadanía responsable que libera recursos, prolonga la vida de los rellenos sanitarios, reduce gases contaminantes, impulsa la economía circular y mejora la calidad de vida de miles de recicladores y sus familias. El despertar ciudadano está al alcance de nuestra mano: comienza hoy mismo, después de lavar los platos, separando adecuadamente en casa.


Escuchar Podcast: https://www.youtube.com/watch?v=63P4Ad__D1g